GRP 80 | Octubre de 2012

Madre no hay una sola...

Imprimir
PDF

 

Madres verdaderas, miles diferentes madres. No viven en postales, criando a los hijos se hacen mamis nuestras madres.

Contrariando “madre hay una sola”, cuántas madres! Distintas madres! Madres bondadosas, madres tiernas… Cuantas madres!! Pachamama, madre tierra, madre carne.
De mi madre nací! De las mujeres venimos. Mujer y madre, me hiciste a tu semejanza y por eso te llevaré siempre en mí. Y tengo tus indelebles marcas.
Cuántas madres! Madres sacrificadas, madres felices, madres que cantan de mañana, madres sobreprotectoras, madres jóvenes y viejas madres, madres vitales, madres encorvadas…
Madres soñadoras, madres golpeadas, madres múltiples y madres únicas.
Madres ausentes, madres madrazas, madres trabajadoras, madres que esperan, madres con padres, madres solteras.
Que fácil escribir si yo fuera Rodolfo Bracceli, autor de “Madre argentina hay una sola”.  El estudió o entrevistó muchas madres: madre de María Soledad, Madre de Malvinas, Madre de Perón, Madre de Borges, Madre transexual, Madre Camila (fusilada, abortada) Madre en la ESMA, Madre de sí misma…y otras madres.
Hace 30 mil años ya le hacían tributos a las madres, vasijas, esculturas de piedra. Lo cuentan las cavernas. En los clanes de la era de piedra el único familiar era la madre. Después Los griegos celebraban a Rhea, diosa mitológica y madre de Zeus y Poseidón. Luego lo celebraron los romanos. En 1700 en Europa había un domingo libre y pago para que los empleados visitaran a las madres. 
Madres buenas, locas madres. Madres del mundo, dando a luz en el desierto, madres de plaza de mayo.
En 1914 el Congreso de EE.UU estableció el segundo domingo de mayo, para honrar y homenajear el cuidado, las labores y el amor de todas las madres. Lo había promovido Ana Jarvis, que había perdido a su madre muy joven. Luego este día se extendió a todos los demás países. En Argentina se celebra por influencia de la Iglesia que consagró en octubre el día de la madre, por ser un mes dedicado a la Virgen María.
Madres de antes, madres de ahora. Madres “mas respeto que soy tu madre”. Artistas madres y madre del poeta. Tantos poetas le escribieron a las madres.


Si es la madre en este mundo
la única que nos perdona,
con sentimiento profundo
sabe amar y no abandona.

(Pobre mi madre querida de José Betinotti)


Cuando salí del pago
le dije adiós con la mano
y se quedó Mama Vieja
muy triste en la puerta ‘el rancho.

(Mama vieja, zamba de Lito Bayardo)


Sagrado es tu nombre,
Que se pronuncia con fervor,
No hay niño ni hay hombre,
Que no te llame en su dolor.

(Madre querida de Antonio Prieto)


“Madre, tu me tuviste pero yo nunca te tuve,
yo te quise pero tu nunca me quisiste,
así que debo decirte adios, adios
…Mamá, no te vayas.
Papi, regresa a casa.

(Mother de John Lennon)


De nuevo recurro a Braccelli. El afirma “esa innata capacidad que tienen las mujeres, a partir de madres, para producir hazañas, para consumar lo épico desde lo individual. …hay cosas que las madres hacen que son, que serán, inexplicables a la luz de la razón”.

“Y ahí tenemos una madre –escribe y nos recuerda Bracelli- que se planta frente al auto que intenta huir con su beba robada, y le pone el cuerpo, y el auto la voltea, y ella se agarra como una fiera del paragolpes y del quemante caño de escape, y ella es arrastrada, y ya no se suelta hasta que el auto se detiene. Y ahí tenemos a esa mujercita que en la falda del volcán en erupción que acaba de tapar a su pueblo, hace el amor para adelantar el hijo que planificaba para tres o cuatro años después, y decide y consigue, en medio de ese apocalipsis de cenizas, quedarse bien preñada.

Si el horizonte es luz y el rumbo un beso,
no es que no vuelva porque te he olvidado,
es que perdí el camino de regreso, mamá...
(Soneto a Mamá de Joan Manuel Serrat)

Madre argentina, difunta Correa. Madre no hay una sola, aunque claro cada uno tiene la suya, irremplazable. Cuántas diferentes madres. Madre de Jesús, madre Francisca con su canastita de flores y su hijita, madre esperanza…
Cuántas madres, perdón que insista, es devoción y no es porfía: madre de mi madre, madre de mis hijos, madre mía.

Mamás (de Roque Pérez) no hay una sola…

Imprimir
PDF
Cada mamá es una historia y casi toda historia tiene su mamá. Dialogamos con cinco mamás de nuestra ciudad buscando representar la diversidad pero siempre el mismo amor.

Mirta, Claudia, Belén, Daniela y Silvia. Mujeres de 30 años, de 50 o de 70. Costureras, amas de casa, docentes o pediatras. Todas con la misma luz en la mirada: la ternura de mamá.

Mirta Areán de Vizio, hoy tiene felices setenta años pero recuerda lo difícil que fue cuando enviudó. Vivían en el campo con sus hijas que tenían 7 y 4 años y una beba de apenas 8 meses. Se mudó al pueblo y trabajó toda una vida, haciendo costura y 16 años en la fábrica de tejidos en doble turno para criar a sus hijas.

Mami Mirta junto a sus hijas Eva, Claudia y Emilse.

Mirta ¿Cómo fuiste mamá?
“Me casé con Jorge y vivíamos en el campo. Fueron apareciendo mis hijas y éramos muy felices! Antes no se planificaba. De chica trabajé mucho. Sólo hice hasta tercer grado de primaria y ya no nos mandaron más a la esuela porque teníamos que trabajar. Luego me casé y seguí trabajando igual a la par de mi marido, atendiendo a los animales, haciendo quinta. Enviudé a los ocho años de casada. Entonces Emilse tenía siete años, Claudia cuatro años y Evangelina tenía ocho meses. Vivimos tres meses con mis suegros. Luego vendimos los animales, las herramientas y compramos la casa en el pueblo. Las cosas buenas duran poco. Mi marido era buenísimo como persona y como compañero. Y mi suegra fue como una madre también para mí pero murió nueve años después”.

¿Qué pensabas?
“En ese momento no te trabaja la cabeza, solo pensaba en ellas. Dejás de pensar en vos”.

¿Esa sensación hasta cuándo duró?
“Y eso duró hasta que estuvieron las tres casadas! Yo quería verlas bien a las tres, le pedía a Dios que me diera salud. Fue terrible. No podía trabajar afuera porque tenía que cuidarlas. En invierno tejía y en verano cosía y hacía ropa a medida. Los fines de semana hacía pasta para vender. La preocupación era que no nos valla a faltar la comida. Pasamos épocas duras. A Emilse no la pude mandar a estudiar la secundaria porque era nocturna y no podía ir a buscarla de noche. Eso fue terrible porque iban todas las compañeras menos ella. Luego Claudia estudiaba magisterio en Lobos, época de inundaciones, no había celular. El corazón siempre estaba en la boca, nunca en su lugar…

¿Qué fue lo más lindo?
“Lo más lindo fue que transcurrió la vida, con salud, que ellas armaron sus hogares y que yo las pude ayudar. Y que ahora puedo disfrutar de los nietos”.

¿Y como era tu mamá?
“Ella era muy trabajadora y como mamá nos ponía límites. Trabajábamos a la par. Y yo he sido parecida a ella. Y yo le agradezco  porque gracias a eso pude criar a mis hijas”.

¿Y tus hijas como mamás?

“Y ellas son más permisivas, pero todo cambia. Ellas se criaron en la ciudad. Es muy distinto. Hoy son grandes y buenas madres, pero si veo algo mal se los marco igual –se ríe-. Y las ayudo, cuando me necesitan estoy”.

¿Qué mamá fuiste vos?
“Fui como puede… siempre trabajando para que no les falte nada. Durante 16 años trabajé en la fábrica de tejidos. Hacía doble turno. Salía a las 5:45 de mi casa y volvía  a las 18:45 hs. Imaginate que en esa época mucho con ellas no estaba. Pero nuestra casa era la casa de los estudiantes porque todas las compañeras venían acá. Cuando yo llegaba me iba a mi pieza para darles lugar o me ponía en un rincón y les cebaba unos mates. Fue muy lindo pero fue muy difícil”.

Fuiste una mamá coraje…
“Si no hubiera tenido coraje no las hubiese podido criar –dice Mirta-. Mi temor era no poder y tener que darlas a alguien. No soy de ir a la iglesia pero tuve mucha fe. Con tres hijas no podes renegar, no podes decaer, tener que seguir para adelante. Por ahí lloras a escondidas pero delante de ellas siempre fuerte. Por ahí alguna vez me las agarré con ellas, pero ser mamá fue lo más importante para mí”.
“A veces tuve que ser dura y decir palabras duras, aunque por dentro me desarmaba. Pero era para el bien de ellas. La vida es dura, yo sola las tenía que preparar para la realidad. Por ahí hice todo al revés pero era lo que yo pensaba. Pero hasta ahora ( y ya cumplí 70 años y me hicieron una fiesta sorpresa) todo ha ido muy bien”.

Claudia Snack de Peralta tiene 38 años y nueve hijos. Cristian, de 22 años, es el mayor. Le siguen Romina, Victoria, Silvina, Rocío, Juliana, Milagros, Octavio y Matías de siete años. Romina de 21 años ya le dió dos nietos y uno viene en camino. Silvina también está embarazada y Rocío de 16 años tiene una beba de un mes. Ocho hijos, una sobrina, tres nietos y dos yernos viven con Claudia y Víctor que con materiales que les da Acción Social quiere construirles su pieza a las jóvenes mamás porque pronto serán 18 personas en la casa.

Mami Claudia junto algunos de sus nueve hijos y nietos.

Claudia ¿Cómo fue que fuiste mamá?
“Yo fui mamá de caprichosa –dice Claudia-, porque mi mamá no quería que yo tuviera novio, y entonces me puse de novia a escondidas de ella, yo tenía 15 años. Casi a mis 16 años nació Cristian. Fue lindo, yo ya estaba acostumbrada porque ayudaba a mi hermana con sus nenes. Al año nació Romina. Mis nueve hijos son todos seguidos”.

¿Soñabas tener muchos hijos?
“No, no soñaba nada. Cuando quedé embarazada en casa se enojaron. Y nunca lo aceptaron a mi marido” (Víctor “Tunquino” Peralta es chaqueño y llegó a Roque Pérez buscando trabajo, entonces juntaba arvejas).

¿Es difícil sostenerse económicamente?
Es difícil, nos ayudamos un poco entre todos. Porque además viven acá los nietos, los yernos, una sobrina y tengo dos hijas embarazadas. Pronto vamos a ser 18. Tenemos tres dormitorios, pero a Silvina le estamos terminando la pieza en el galponcito del fondo. Acción Social nos ayuda con los materiales y mi marido es albañil y la construye. Después nos van a ayudar para hacerle la pieza a Rocío que tiene 16 años y su beba Dana de un mes. Yo tengo la pensión por siete hijos y una vez al mes nos dan una caja de alimentos. Romina tiene una pensión del nene de tres años que tiene un problema de visión que no se puede operar.

Rocío repite la historia tuya…
“Sí y Romina también tuvo su bebé a los 16 años. Yo siempre les hablo y les digo que no queden embarazadas pero Romina es la más cabezona. Ella me escucha pero igual hace lo que quiere. Les digo también que se diviertan porque yo desde los 16 hasta ahora no tuve ninguna salida. Me encerré y no salgo. Pero Rocío se fue a visitar a los suegros a Las Flores, se olvidó la medicación y quedó embarazada”.

¿Cómo es criar nueve hijos?
Lo más lindo es tenerlos siempre conmigo. Y me cuesta que se vayan! El mayor se había ido dos meses, y para mi era un infierno, me ponía a llorar. Y con las chicas somos de andar cuidándolas mucho, me da miedo que les pase algo en la calle. Todos hicieron la escuela. Ahora a los más chiquitos los ayudan las hermanas”.

¿Sos diferente a tu mamá?
“Mi mamá tuvo diez hijos y mi tía también. Así que ya venimos de familia de muchos hijos. Pero somos diferentes porque mi mamá si nos tenía que agarrar con un fierro lo hacía. Pero yo soy distinta, nunca me enojo, a lo sumo un chirlo a los más chicos si se mandan alguna macana”.

¿Y como van a ser tus hijas como mamás?
“Yo les digo a ellas que si yo tuve errores que ellas no los repitan –cuenta Claudia-. A Rocío le hablo porque la beba es muy chiquita”. “Yo tengo esta sola –dice Rocío-, no quiero llegar a nueve!”

Belén Brusquini (32 años) sabía que después de los treinta años, una vez encaminada su vida laboral quería tener un hijo. Esa determinación la llevó a ser madre soltera. Hoy está feliz porque tiene a Tiziana, su beba de tres meses y medio y el apoyo de toda su familia.

Mami Belén y Tiziana de un mes.

¿Como fué que fuiste mamá?
“Yo siempre dije: después de los 30 años quiero ser madre –cuenta Belén-. Pero primero proyecté estudiar, luego pude comprar un terreno y hacerme la casa con el Plan Compartir. Y siempre decía, el día que tenga un trabajo fijo que me permita darle todo a mi hijo, encargo un bebé. Decidí hacerlo sola y estoy ahora con mi familia que me apoya.

¿Cambió tu cabeza?
“Sí, porque el amor que se siente por un hijo supera todo. Yo soy docente y estoy con chicos pero yo no me podía poner en el lugar de una madre porque no lo era”.

¿Cómo es ser mamá soltera?
“Es importante el apoyo de la familia, yo lo tengo también de mis amigas. Siempre fui perseverante, lo que me propuse con esfuerzo lo conseguí.  La noticia al principio a la familia le cae como un balde de agua fría pero no me quitaron el apoyo, cuando llegó el momento me dieron mucha contención. En nuestra familia ya están mis sobrinos por parte de mis hermanos. Pero yo soy la única hija mujer y ahora la beba les cambió la cabeza a todos”.

¿Cómo mamá sos parecida a tu mamá?
“Las dos nos parecemos y nos llevamos bien, aunque tenemos distinto carácter. Pero compartimos que hay que poner límites. En mi familia se vuelve a repetir la historia porque mi mamá también es hija de madre soltera. Ella nunca supo quien fue su papá. Y lo que me pidió es que yo sí le diga a mi hija cuando sea grande quien es su papá”.
¿Y como pensás que puede ser Tiziana como mamá?
“Me preocupa como viene la juventud de hoy, pero la educación empieza por casa. Si tiene una base sólida yo creo que puede seguir el mismo camino que mi mamá y que seguí yo. En mi casa siempre hubo respeto y amor y siempre fuimos unidos con mi papa, mi mamá y mis dos hermanos”. 

¿Qué pensabas con Tiziana en la panza?
“Si podría darle todo lo que necesita. Yo trabajé en el CAI  pero ahora estoy haciendo la primera experiencia con mi hija. Te cambia la vida, ahora estoy continuamente pendiente de ella. A la noche hasta me despierto yo antes que ella cuando tiene que tomar la teta. Ser mamá es una meta de la mujer, es como un árbol que quiere tener frutos, es la manera de realizarse y el amor a un hijo es diferente a todo. La llegada de Tiziana fue muy emocionante”.

Daniela Yorio de Marín es mamá de Yoni de 19 años y Magalí de 10 años. “Lo que nos puso Dios con Yoni (tiene de nacimiento solo un 10% de visión) me hizo crecer de golpe” reconoce Daniela que ha sido una luchadora tenaz y hoy está orgullosa de los logros de Yoni en la vida y en el deporte (fue Campeón Nacional de lanzamiento de bala) y de lo compañeros que son con Magalí.

Mami Daniela junto a sus hijos Yoni y Magalí

¿Cómo fuiste Mamá?
“Yo me casé a los 17 años –cuenta Daniela-. Quisimos esperar a tener hijos porque no teníamos nada, alquilamos una casita y empezamos con algunas cosas que nos prestaron. Esperamos 3 a 4 años para armar la casa. Entonces tuve a Yoni a los 21 años.
Queríamos tenerlo bien para no andar los tres rodando! Trabajábamos los dos, Edgardo en la policía y yo hacía tejidos, planchaba, cuidaba nenes afuera”.
“Cuando nació Yoni, al mes nos dijeron que tenía un problema cerebral, un estrabismo y nos mandaron al Garraham para hacerle un fondo de ojos. El medico me llamó y me dijo que Yoni tenía un toxoplasmosis congénita y que era prácticamente no vidente. Se me vino el mundo abajo,  lloraba con Yoni a upa. Llegó Edgardo de hacer los trámites y no podía creer lo que decía el médico. Nos dijeron que esa enfermedad podía atacar todo el cerebro. No sabíamos si Yoni iba a caminar, si iba a oír, no sabíamos nada. A partir de ahí estuvimos ocho meses viajando todos los días por estudios al Garraham, nos íbamos a las cinco de la mañana y volvíamos a la noche. Le ponían yodo en las venas y quedaba todo amarillo. A los ocho meses nos dijeron que Yoni iba a depender siempre de mí porque de un ojo no veía y en el otro solo veía un 10%”.
“Desde entonces lo llevábamos a estimulación siempre y en casa ponía el colchón en el suelo y jugábamos desde la mañana para estimularlo. El reconocía los juguetes por los ruidos. Viví los dos primeros años para él. Y el evolucionó más que todos los pronósticos. En el Garraham lo atendía un médico que era una eminencia de la oftalmología. Pero lo llevamos a todos los hospitales habidos y por haber. Pudimos traer cada mes un bidón del agua de México que decían que curaba pero que era muy cara. Lo llevamos a curanderos, a todos lados. Y no teníamos ni para comer! Fue muy difícil. El médico me había dicho que no iba a poder a la escuela. Yo igual lo llevé Jardín. Me quedaba afuera las cuatro horas llorando. Pasaba el doctor Granillo y me veía y me decía “déjelo Mamá, vaya a su casa”. Y yo lloraba porque veía que el chico se perdía pero lo dejaba igual. Mi marido se enojaba, peleábamos, el tenía miedo que le pasara algo. Y hasta hoy siempre ha sido así. Todo le cuesta pero yo le digo que lo haga igual”.
“Los médicos no podían creer que el leía con las lesiones que tiene en el ojo. El escribía con birome verde en hoja amarilla para poder ver mejor pero no quería ser diferente a los otros. El médico me dijo, “como va la vida de Yoni su mundo no va a ser blanco y negro, va a ser en colores”. Desde entonces empezó a escribir en la hoja rayada común”.  “A los 12 años empezó a tener rebeldía, veía que los otros chicos hacían cosas que el no podía, se peleaba con las maestras. Hace dos años atrás quería dejar de estudiar y le dije que no, que ya habíamos luchado 16 años, no podía dejar cuando faltaban dos años para egresar. Y el año pasado terminó”.

¿Y ahora que pensás?
“Siento un orgullo…(se le entrecorta la voz), me costó mucho… A los 12 años se encerraba en la pieza y no quería salir. Hablé con Graciana Uruslepo y con Raúl Banegas y ellos lo ayudaron muchísimo. A Yoni lo sacó adelante el deporte. Entró al grupo de Fernanda Larrinaga. Fue a los juegos bonaerenses pero primero lloraba que no quería ir. Y volvió recontento. Al año siguiente fue con Raúl y desde ahí son inseparables.

¿Cómo has sido como mamá?
“Me hizo crecer de golpe –se emociona-. Tanto luché que hay etapas que no puedo recordar. En cambio con la nena pude disfrutar más. Magalí nació cuando Yoni tenía nueve años. Dios nos puso esto de Yoni y hubo que luchar. Nos tuvimos que ir al campo dos años porque estábamos mal económicamente. En el pueblo Yoni mejoró mucho porque empezó a andar en bicicleta, a visitar a sus abuelos que viven cerca”. “Con Magalí fue todo distinto. Ella se ha criado casi sola, es muy liberal, ella sabe todo, te discute todo, tiene su carácter (salió a mi). Yoni la disfrutó mucho a la hermana. Y ella en vez de ponerse celosa de Yoni, al contrario lo defiende siempre a él y lo ayuda mucho”.  Y Magalí es mi cable a tierra y me acompaña sobre todo ahora cuando Yoni se va por ejemplo a entrenar al CENARD todos los miércoles”.
Como si fuera poco, además Daniela trabaja en el criadero de cerdos de Pacuca. Fue la primera mujer en trabajar en la parte de crianza. Se va temprano, antes de las siete y vuelve a las 17 hs.
“Yo rescato que Yoni es muy bueno, es dócil –dice Daniela-. Yo he sido mamá muy recta…pero con mucho amor –se emociona-. He hecho lo que he podido y lo que no he podido. He abandonado a veces mi casa, a mi marido, pero estoy re orgullosa al verlo a Yoni hoy como anda, sus logros y lo más importante es que es buena persona”.
Silvia “Tato” Larrinaga de Armendariz es la mamá de Laura y de Marcelo. Recuerda como luego de varios tratamientos e ilusiones truncas decidieron la adopción junto a su marido Jorge. “Yo me siento plena, me siento mamá” –cuenta Tato-.

¿Cómo fue que fuiste mamá?
“Yo siempre tuve la idea de ser mamá –recuerda Silvia-, incluso cuando era jovencita y estaba estudiando medicina ya tenía la idea de adoptar, siempre, incluso en mi casa queríamos que mis padres adoptaran un nene. Yo pensaba que aunque tuviera los míos quería adoptar. También eso me marcó para seguir pediatría. Siempre me aferraba a los más desamparados. Creo que estaba predestinada por eso que fue una elección muy natural. Nosotros hicimos un montón de tratamientos y el día que se iba a realizar la inseminación en La Plata, los últimos estudios salieron mal, todo volvió atrás y entonces dijimos basta de ilusiones, basta de gastar plata, era muy doloroso emocionalmente. Y Jorge y yo estuvimos de acuerdo enseguida en adoptar, en empezar los trámites. No quisimos sufrir más, se puede ser padres de muchas formas y estuvimos de acuerdo en adoptar chicos grandes, que no es lo más común, los chicos más grandes se eternizan en las maternidades”.
“Adoptamos a Laura de 4 años y se dio la bendición que a los seis meses nos llamaron para adoptar a Marcelo que es su hermano biológico y recién cumplía 3 años. Fue maravilloso”.

¿Cómo fue el principio?
“Fue muy llevadero, muy tranquilo. Jorge estaba muy convencido y eso es muy importante. Fue mas fácil de lo que uno piensa, ellos acostumbrarse a nosotros y nosotros a ellos.  Y colaboró mucho como los recibió nuestra familia y nuestros amigos. Todos los recibieron maravillosamente bien. Tienen muy buena relación con sus primos, con sus abuelos, con sus tíos”.  
“Laura estaba en la guardería y Marcelo estaba con su mamá biológica. Laura enseguida me dijo mamá. Cuando nosotros fuimos a conocerla ella me agarraba y me decía querés ser mi mamá? Llevame! Llevame! Porque ella sabía que iba a ser dada en adopción”.
“Seis meses después de adoptar a Laura nos llamaron un martes y el jueves fuimos a buscar a Marcelo. Cuando le dijimos a Laura si quería un hermano ella nos dijo que sí y a “Marcelo” dijo ella. ¿Cómo es Marcelo? le preguntábamos y ella nos decía: “Es chiquitito, es gordito, usa pañales, si vas a ver, usa pañales, toma mamadera y usa chupete. Camina como un payaso y dice pavadas!”. Y fue la descripción más exacta que alguien podía hacer, porque Marcelo entonces tenía dificultades motrices, no sabía correr y casi no hablaba. Laura hacia seis meses que no lo veía pero lo recordaba muy bien”.

¿Cómo ha sido tu maternidad?
“Yo me siento plena, me siento muy bien, me siento mamá. No creo que tenga diferencia con una mamá biológica, para nada. Amo profundamente a mis hijos y sé que ellos me aman profundamente. Laura me lo dice o me lo escribe y Marcelo es menos expresivo pero yo lo conozco y lo entiendo y se lo que siente. Estoy muy feliz. Y ahora estoy viviendo una etapa maravillosa y la más feliz que me ha tocado que es ser abuela. Mis nietos Lorenzo de 4 años y medio y Julia de casi 3 años son maravillosos y uno no puede explicar lo que se siente ser abuela. Ahora tengo menos compromisos laborales y los puedo disfrutar, con mis chicos yo estaba con mucho trabajo”.

¿Tuviste momentos difíciles?
“Sí seguro, pero como todos los papás. Marcelo es muy tranquilo y Laura desde nena tiene mucho carácter. Yo tuve que sacar todos los libros y todo el repertorio!!”

¿Tu mamá, vos mamá y tu hija mamá?
“Somos distintas: Mi mamá siempre fue muy mal criada por mi papá y por nosotros también. Ella siempre fue muy gamba pero todos la malcriábamos. Yo me veo como una buena mamá, por ahí soy mala conmigo al culparme de no haber estado más con los chicos, sobre todo por el trabajo. Muchas veces por mi profesión me fui a atender a otros nenes estando ellos enfermos. Y por no querer avasallarlos o invadirlos por ahí fui más permisiva, me faltó autoridad. Aprendí con golpes. Hoy sería mas firme. Y Laura como mamá … es que son épocas muy distintas. Además ella está separada de su pareja. Ahora empezó a trabajar y eso le va a hacer muy bien después de muchas frustraciones. No se le dieron las mejores condiciones, se está haciendo mamá a los ponchazos pero es guerrera”.

¿Y las mamás que conocés en tu profesión?
“Yo siempre tengo una relación muy linda con las mamás, con sus embarazos, es un momento maravilloso. Cómo pediatra me preocupa que haya tantas mamás muy jóvenes. Hay embarazo adolescente altísimo. Si bien uno las ve felices, creo que ellas van a pagar un costo muy elevado por ser adolescentes. En general las mujeres entablan una relación muy linda con su bebé y las jóvenes son mas dúctiles para el amamantamiento que yo soy una férrea defensora de la lactancia materna”.