La Guía de Roque Pérez 102 | Marzo de 2017

Durante 40 años una sociedad de amigos tuvo un piper PA11 que surcó el aire de Roque Pérez. Un avión noble que permitió realizar la pasión de los aviadores locales y también llevó a muchos vecinos en su vuelo de bautismo.

 

Aviadores de Roque Pérez, no son tantos, pero que los hay los hay. Con algunos nos reunimos en casa de Jorge Cravero, y a otros tantos los visitamos luego. Me cuentan como consiguieron uno de sus más preciados sueños,  el de emular a las aves, vencer el peso de la materia y navegar por el aire. El sueño de volar!

 

Preparados para el despegue

Así se empiezan a desgranar las historias sobre un Piper PA11… Antonio calcula mal, está aterrizando frente al alambrado de SImonetti…

Jorge empuña la palanca de vuelo, todavía en tierra, al frente la pista, adelante su primer despegue…

Adalberto inclina el avión, para un lado, para el otro, va copiando los caprichosos dibujos del Río Salado…

Pedro pilotea rasante, desde el aire, Alberto busca a la madre para sorprenderla…

Una vuelta? -Pide Demarco-. Tengo poco combustible -responde Edgardo-.  Una vuelta  corta…-insiste el pasajero y allá van… ya están volando, pero el motor queda en silencio…

 

Como terminaron estos vuelos? Ya lo sabremos.

A comienzos de los años 70, varios muchachos de Roque Pérez habían hecho la instrucción en el aeroclub de Lobos. Luego de costosas 40 horas de vuelo  ya tenían su Licencia de Piloto Privado. Sólo faltaba la máquina…

Hablan los pilotos…”Vos debes ser el piloto de más años de Roque Pérez”, le dice Jorge Pescie a Antonio Echeverría y comienza la charla. “Sí, yo estudie piloto de avión en Buenos Aires –cuenta Antonito-, en el Aeroclub Argentino fundado por Jorge Newbery. Eso fue en los años 50, era la época que estudiaba, iba sábados y domingos al aeroclub. Mi instructor era piloto de acrobacias. Tenía un avión Focke-Wulf. La primera vez que volé solo el instructor me dijo: Tené en cuenta que cuando salís solo el avión trepa mucho más! después es todo igual. Y así fue. Hice el circuito lo más bien!”.

Casi 20 años después de los primeros vuelos de Antonito se sumaban los otros muchachos. “El curso en Lobos –recuerda Adalberto Zampelungue- lo hicimos juntos con Jorge Cravero, Vejo Teré, Edgardo Sagastizábal, Ismael Perona y Pedro Simonetti. Éramos trece estudiando para pilotar aviones en el aeroclub de Lobos”. Según Edgardo Sagastizábal también Rómulo Martini era de la partida.

“Por entonces, en los años 70 –recuerda Jorge Cravero - éramos ya varios pilotos recibidos y fundamos el aeroclub de Roque Pérez, puede haber sido el año 1972, 1973, organizábamos bailes para recaudar fondos. Fue presidente Edgardo Sagastizábal. Conseguimos que en la gestión de Homerito Fernández nos donaran unas chapas viajas del matadero municipal para hacer el Hangar en campo de Simonetti. El gran problema del aeroclub fue que nunca pudimos comprar tierra. Eso es muy difícil. Y conseguir apoyo político para lograrlo era muy complicado porque había gobiernos militares y porque existían dos aeroclubes cercanos en Lobos y Saladillo”.

¿Cómo se habían acercado estos muchachos a la aviación? Para muchos era una aspiración que se remontaba a la niñez. “Toda la vida tuve admiración por los aviones -cuenta Edgardo Sagastizábal-. Y después me acerqué al Aeroclub de Lobos con otros muchachos de Roque Pérez para aprender. En los años 90 también hice un viaje en globo aerostático. Solo me falta probar los parapentes con motor que hay ahora” se entusiasma Sagastizábal.

¿Qué recuerdos quedan del primer vuelo en soledad, en época de instrucción? Solito sus almas con la máquina y el viento!


Recordando al Piper: Aldalberto Zampelungue, Jorge Cravero, Antonio Echeverría y Jorge Pescie

Jorge Cravero recuerda: “Hicimos varios aterrizajes con el instructor Corti hasta que él se bajó a chequear algo y se acerca, me cierra la puerta y dice “ahora da una vuelta vos”. Yo despegué sin darme cuenta, giré a la izquierda,  me puse paralelo a pista y lo veo a Corti allá abajo! Ahí caí que estaba solo!! Y así hice mi primer vuelo solo y te aseguro que bajé tan suave que fue el mejor aterrizaje que hice en mi vida! Jaja!”.

“Sí, recuerdo muy bien mi primer vuelo solo –responde Edgardo Sagastizábal-, era una tarde de primavera espléndida, serena. Y volé siguiendo los consejos del instructor y aterricé bien peinadito! No me embarraron como es la costumbre para el primer vuelo porque estábamos solos con el instructor, pero después tuve que pagar un asado!”

“En la instrucción siempre indican 60 millas para aterrizar! - dice Adalberto- Mi primera vez el instructor me dijo que aterrizara con velocidad más vale 10 km de más que de menos! Hice el circuito y aterricé, eso sí, di unos cuantos cangurazos como de un metro!, rebotando!, jajá, pero aterrice bien!”

“Claro, yo trababa de pasarme en velocidad -dice Cravero-. Hay un chiste en aviación que dice “volá despacito y bajo” jaja! eso es lo peor que podes hacer”. “Claro –agrega Pescie- otro chiste dice: “con velocidad y altura se conserva la dentadura, volando despacio y bajo, vas a parar al carajo! jaja”.

“Y uno se cree –reconoce hoy Antonito- que al hacer el primer vuelo solo ya sabe volar y la verdad es que todavía no sabes nada!”. “Claro! ni al recibirte sabes!” dice Jorge Pescie. “El instructor Corti me decía -cuenta Adalberto- ustedes se mantienen en el aire porque Dios es grande! no saben nada! Ja ja!”. “Y era cierto - dice Antonio Echeverría-, cuando vos pasás las 60 horas de vuelo ahí te das cuenta todo lo que te faltaba. Porque realmente cada vuelo es distinto!”.

 

El avión propio

Ya matriculados, los de Roque Pérez alternaban vuelos en los aeroclubes vecinos hasta que empezaron a darle forma al sueño de tener un avión propio. Cuando encontraron el piper PA11 indicado para su presupuesto sacaron un crédito en el Banco Río Salado que funcionó por entonces en calle Belgrano.

“Los primeros dueños del avión -recuerda Jorge Cravero- fueron 10 u 11”. Según su memoria eran Antonio Echeverría, Adalberto Zampelungue, Fito Bruno, Mario Oudín, Pedro Simonetti, Edgardo Sagastizábal, los hermanos Olasagaste -Ricky y Carlitos- Donald Teré y Jorge Cravero. “¡Si viviera Pedrito Simonetti, las historias que habría para contar!” dicen sus viejos compañeros con cariño.

“Cuando nosotros compramos el Piper -recuerda Echeverría- estaba bastante deteriorado, le faltaba el instrumental, pero el motor estaba muy bien. El modelo era 1947, pero eso no es importante porque el avión bien mantenido puede seguir volando siempre. Nos asesoraba Clemente Izquierdo que había sido instructor en el aeroclub de Saladillo”. “Gastamos un montón en restaurarlo!” se ríe Cravero. “Pero fue una gran inversión porque lo disfrutamos muchísimo ese avión”, recuerda con nostalgia Zampelungue.

“El avión era de Mar del Plata -recuerda Cravero-. Había sido un avión fumigador”. “Y Había ocurrido una desgracia -cuenta Zampelungue-. El fumigador bajó a corregir un ventilador y en un descuido se acercó a la hélice, y recibió un golpe en la cabeza que lo mató. Eso generó un juicio laboral. Por eso el avión estuvo parado muchos años en un hangar”.

“El avión lo trajo en camión Jorge Orioli, -recuerda Sagastizábal- vino sin las alas, y lo llevamos directamente al aeroclub de Saladillo para repararlo. En esa tarea nos ayudó mucho Clemente Izquierdo que era mecánico de aviones e instructor. El avión originalmente era verde claro. Después nosotros lo pintamos blanco con una línea roja y otra negra, había quedado muy bien con esas líneas características en los laterales”.

Así fue como comenzaron los vuelos del Piper PA11 matrícula LVNHF. La matrícula “Los Viejos No Hacen Footing” bromea Jorge Cravero pero luego me aclara el alfabeto aeronáutico, LV es común a todas las aeronaves y las otras tres letras identifican el avión. La traducción es: LIMA VICTOR NOVEMBER HOTEL FOXTROT. El alfabeto se usa para pasar mensajes por radio sin dar lugar a error.

Alrededor del  piper PA11 se reunió un grupo de personas que dando rienda suelta a su pasión por dominar los cielos también permitieron conocer aquella sensación a tantos roqueperenses  en inolvidables vuelos de bautismo que se organizaban en distintas ocasiones. “Me acuerdo que se hacían jineteadas en Begueríe –cuenta Cravero- y allí íbamos con el avión para los vuelos de bautismo. Aterrizábamos en el campo de doma, entre la gente! Hoy iríamos todos presos! Se ríe Jorge.

Y en otras ocasiones el piper estaba disponible para ayudar a la comunidad. “Un gran recuerdo es haber colaborado en las inundaciones del año 85 –cuenta Edgardo Sagastizábal-. Íbamos a las zonas rurales como La Reforma, Larre, y a las familias aisladas les tirábamos desde el avión un bolsón con comida. Me acuerdo especialmente de un matrimonio de viejitos que estaban aislados. También colaboré con Bomberos en la búsqueda de tres personas que se ahogaron en diferentes momentos en el Rio Salado”.

“El avión operaba primero desde el campo de Edgardo Sagastizábal, después desde el campo de Vejo Teré y finalmente desde el campo de Pedro Simonetti” recuerda Antonio Echeverría. En el campo de Simonetti hicimos un hangar -recuerda Jorge Pescie-, gracias a que el municipio nos dio las chapas del antiguo matadero municipal que estaba en el campo de “Los Baguales”.

Aquella sociedad original luego fue cambiando sus integrantes: Adalberto Zampelungue compró a Oudín su parte. “Cómo no tenía en ese momento el dinero le armé un balanzón hidráulico a Oudín” recuerda Adalberto. Después también compraron parte en la sociedad Jorge Pescie y Alberto “Missel” Rodríguez.  “Yo siempre mantuve mi parte -dice Jorge Cravero- y fui el último en volar el avión!”

Jorge Pescie se recibió de piloto en 1997 y le compró la parte a Pedro Simonetti. En 1999 el avión otra vez fue restaurado y vuelto a entelar. Se usaba tela de algodón entonces. Hoy en día se usa el dacrón, una tela sintética.

Alberto Missel aunque no llegó a ser piloto privado, formó también parte de la sociedad del piper, cuando compró la parte en el año 1998 a Sagastizábal, “Simonetti, Cravero, Sagastizábal, Zampelungue me enseñaban a volar pero nunca llegué a volar solo. Pero fue una de las experiencias más lindas de mi vida! Cuenta Alberto-.

“Yo vivía detrás del arroyo Saladillo -recuerda Alberto “Missel”. Era chico y miraba pasar los aviones en el campo. Cuando crecí me iba en bicicleta o en moto a aprender tornería con Cicaré. Entonces Cicaré estaba desarrollando el segundo prototipo de helicóptero. Ya entonces a mí me apasionaban los aviones. Compartimos muchos momentos y hablábamos mucho sobre los aviones con Pirincho Cicaré. El avión fue mi pasión pero nunca llegué a nada. Muchas veces me iba a Saladillo para salir a volar con otro piloto en un avión Sesna. La última vez me llevó a volar Ricardo Santía en Lobos”.

 

Volar… sentir…

¿Qué se siente al volar un Piper? “El PA11 es una máquina muy noble  –dice Edgardo Sagastizábal-. Y volarlo ha sido una gran alegría.

“El Piper PA11 es en realidad un avión escuela – explica Cravero-.“Vos pensá que desde los astronautas que llegaron a la luna, o los que manejan un Boeing todos comenzaron manejando un PA11 como nosotros -dice Jorge Pescie-. “Claro! –agrega Zampelungue-  deben quedar todavía comandantes que aprendieron en PA11”.

“El Piper es un avión muy liviano y gracias a la velocidad pierde su peso y vuela –cuenta Cravero-. El secreto del vuelo es la sustentación en el aire. Lo importante es mantener velocidad. Ante una emergencia, el instructor siempre te indica palanca adelante, bajas la nariz, aumenta la velocidad y recuperas sustentación. Ahí empezás a entender cómo funciona el avión. Se empieza a sentir en el cuerpo, te acostumbras tanto que dejas de ver los relojes. Nada que ver con los aviones pesados a reacción. El avión vuela en relación a una masa de aire. Y el piper tiene mucha superficie de ala”.

“El viento es un factor primordial. Esto se tiene en cuenta por ejemplo en un vuelo nocturno. Tengo un amigo –dice Jorge Cravero y se ríe mirando a Antonito- que quiso volver a Lobos y terminó en Del Carril!”.

“Ah sí! –recoge el guante Antonito- Una vez quisimos volar por compás, (para establecer el rumbo se marcan los grados en el mapa con un transportador).Yo tenía un rumbo para la ida y otro para la vuelta. Íbamos a Monte y regresábamos a Roque Pérez. Pero en el rumbo de la vuelta me equivoqué. Nunca apareció Roque Pérez. Seguimos en línea recta, estábamos perdidos, y no veíamos ninguna referencia, pero nunca hay que cambiar el rumbo. Hasta que encontramos los galpones de ferrocarril de Del Carril, jajá! Así que ubicamos la ruta 205 y la seguimos hasta Roque Pérez, jajá!”.

Alberto Rodriguez

 

“Además Antonio –cuenta Adalberto- tenía la costumbre de hacer la aproximación a muy poca velocidad! A menos de 45 km entrás en perdida y el avión se puede caer. Y Antonio aterrizaba a 45 km!!”. “Sí, a mí siempre me gustó volar bien bajo y suave -reconoce Antonito- y sentir el avión con el cuerpo, es hermoso.”

“También te conecta con la naturaleza - dice Jorge Pescie- por ahí sobre una laguna te salen al encuentro unos patos y por un momento volás junto a ellos!

“Volar es una sensación de que sos dueño del territorio –cuenta Alberto “Missel”-, arriba no hay alambrados, no hay nada, hay libertad. Hace poco me dejaron volar sobre Navarro. Volar es lo que más me gusta hacer en la vida, es en lo único que yo podría ser empleado, hubiera sido muy feliz como empleado en un taller aeronáutico o como piloto!”

“Volar es una sensación de libertad, es indescriptible con palabras”, dice Adalberto.

Antonio también recuerda algunos viajes a lugares más distantes como Mar del Plata, a Bahía Blanca y otro a Carhué. “A la vuelta de Carhué había tanto viento que tuve que bajar en Bolívar porque había gastado todo el combustible –cuenta Antonito-. El Piper no es para viajes largos, la velocidad es de 120 a 130 km por hora”. “Y el techo de vuelo es de 3000 metros –explica Pescie-. A más altura hay menos oxígeno”.

“Yo volaba a 500 metros de altura –cuenta Antonito- porque lo que veía en la carta es igual a lo que veía abajo en la tierra”.

“Yo fui hasta Chivilcoy a buscar el avión cuando se reparó –cuenta Jorge Cravero-. Hacía mucho calor, entonces veníamos colgados! porque hay muy poca sustentación. Y Pedro Simonetti me decía “Jorge, cuidado con las torres del Chocón! Jajá”.

 

Algunos sustos…

Te podes cruzar con una térmica, te puede fallar el motor, volar no está exento de riesgos. Que tendrán para contar los aviadores?

“Recién recibido salí a volar –recuerda Jorge Pescie-. A los 10 minutos estaba de regreso, qué pasó? De buenas a primera, de estar nivelado me agarró una ascendente que me dejó de golpe el avión totalmente de costado. Por suerte hice las maniobras y salí de la situación, pero fue un susto muy grande!”

“Una vez acompañé a Antonio Echeverría cuando hizo un tirabuzón sobre el campo de Sagastizábal –recuerda Jorge Cravero- . El susto más grande me lo di al bajar! Alguien había estado trabajando en el motor y había dejado una barreta de hierro apoyada sobre el motor. Antonio había hecho el tirabuzón, (es girar totalmente el avión) yo me agarré de todos lados! por supuesto! pero al bajar descubrimos la barreta! Se nota que el tirabuzón estuvo bien realizado porque la barreta no se movió!”.

“Me enseñó algunas acrobacias mi instructor –cuenta Antonito-. En esas maniobras se usa el máximo de velocidad, unas cien millas. Tanto en el tirabuzón como en el looping”.

El rizo o looping es una maniobra aérea que se realiza describiendo una trayectoria de vuelo casi circular y cerrada en un plano vertical, que pasa por las posiciones de ascenso, vuelo invertido y picado. La Barrena es una perdida prolongada y bajo control, en la que el avión desciende describiendo una trayectoria helicoidal - como un tirabuzón - alrededor de su eje vertical.

“Al principio se va toda la humanidad a la garganta! –cuenta Jorge Cravero- pero después te acostumbras”.

“Yo estaba acostumbrado a la pista de Saladillo que es de 40 metros de ancho por 1300 de largo –cuenta Jorge Pescie-. La primera vez en la pista de Adalberto que era de 400 metros yo despegué pero a la vuelta hice el giro, miré la pista y la vi tan chica! que me dije: acá no entro!! Al final pude aterrizar, hice mi experiencia, y muchos se asombraban de nuestra pista corta! Tenías que entrar con lo justo porque si no la pista se te terminaba! ”.

“Una vez agarré un alambrado con las ruedas –recuerda Edgardo Sagastizábal- porque el avión no pudo despegar. Clave el avión de punta y rompí la hélice”.

“Mirá, siempre les digo a mis amigos que si algún día me muero en un vuelo es la muerte que yo quiero – asegura Alberto “Missel”-, amo el avión! Un día volando con Antonio bajamos unos metros antes y yo le grito guarda el alambre! Antonio aceleró a fondo, saltamos el alambre y aterrizamos después! Y otra vez con Adalberto nos fallaba el motor y me dice “vamos a tener que aterrizar, elija un campo”. De arriba parecía parejo pero aterrizamos y era un campo arado! Cuando tuvimos que regresar casi no podemos despegar por los tumbos en los surcos! Tuvimos que viajar con la nariz bien alta para que no bajara la presión de aceite!”

“Una vez iba a volar con Jorge Pescie pero empezó a carretear por la pista y como no ganó altura abortó el despegue –cuenta Alberto Missel-. Entonces me bajé pero no me di cuenta que quedó la hebilla del cinturón colgando a un costado. Cuando despegó Jorge empezó a escuchar un golpeteo pero no podía saber que era. Claro en plano vuelo no podía ir a fijarse! Cuando me pasó a buscar por el aeroclub de Lobos descubrimos el cinturón colgando! Me pegó flor de reto por el susto! jaja!”

 

Otros aviadores roqueperenses

Aquí hacemos un paréntesis  porque además de los pilotos de la sociedad del piper PA11 LVNHF, hubo otros aviadores en nuestra localidad.

Hace poco nos enteramos que Ernesto Jorge “Muñeco” Adradas, fue uno de los aviadores que defendieron a Juan Domingo Perón y había nacido en Roque Pérez, en la localidad de Begueríe. Volando un Gloster Meteor, (primer caza a reacción británico), resistió los bombardeos a Plaza de Mayo por parte de las fuerzas golpistas el 16 de junio de 1955.

De acuerdo a lo relatado por el periodista Alejandro Covello, “es un hecho de guerra, donde … la Fuerza Aérea Argentina, intervino por primera vez en un combate militar real, en un combate aéreo donde el Teniente Ernesto Jorge “Muñeco” Adradas, derribó un avión enemigo: Fue el bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina.”

“Tres meses más tarde –escribió Covello-, volvió a combatir contra la flota naval, comandada por el Contralmirante Rojas, que había bombardeado Mar de Plata y amenazaba con bombardear Buenos Aires, si Perón no renunciaba”.

Luego de varios años Adradas logró ingresar como piloto en Aerolíneas Argentinas y en 1973 integró la tripulación del avión que trajo definitivamente al general Juan Domingo Perón de su exilio.

Otro aviador nacido aquí fue Manuel Crespo.  “Tengo entendido – nos cuenta Jorge Cravero- que Manuel Crespo estuvo entre los pilotos que golpearon a Perón. Unos meses antes del golpe, hubo un vuelo para bombardear pero se abortó la operación y dicen que Manolo Crespo vino hasta Roque Pérez y tiró los panfletos acá”.

También Julio Tello era piloto militar, había estudiado en Córdoba. Con el tiempo renunció y se dedicó a la aviación civil. “Era hijo de Teresa Laporte de Tello, conocida profesora de matemáticas de Roque Pérez” –recuerda Jorge Cravero-.

“Claro, vivía en Buenos Aires, pero solía asistir a los actos públicos en Roque Pérez –recuerda Jorge Pescie-. Un día lo encontramos en la Base Aérea de Morón, volaba bimotores y los Boeing de Aerolíneas. Y sí, es cierto que Tello solía pasar con un bimotor y dabas unas vueltas y saludaba a la madre”.

Por los años 60´ fue piloto otro roqueperense, José Di Pardo. “Era piloto comercial –recuerda Edgardo Sagastizábal y otra curiosidad es que su hermano Raúl Di Pardo si bien no era piloto pero desde un avión relataba las carreras de Turismo Carretera”.

“En los años 70´ un tal Alecina que no era nacido acá pero después tuvo campo  –recuerda Sagastizábal-, también fue piloto de Aerolíneas Argentinas”.

Vejo Teré tuvo años atrás una empresa de fumigación. Y siguen los nombres, seguro esta lista es incompleta y no se agota. “No es que ha sido una moda – responde Jorge Pescie sobre la camada de los años 70´-, siempre hay gente que le gusta volar. Ahora hay una camada de pilotos recibidos este año como Gastón Natero, Ricardo Santía entre otros”.

Muchos conocen a Jorge Fioramonti por sus desarrollos de equipos para agregar agua a los motores de combustión. Pero el roqueperense por adopción también jugó en el equipo de los aviadores en su Carhué natal.

“Hice el curso a los 16 años –cuenta Jorge Fioramonti-, gracias a una beca de la Fuerza Aérea. Como los aviones me gustaban tanto el que me llevó al aeroclub de Carhué fue José Almonacid que era comandante de Aerolíneas y volaba los DC 4, los DC 6, los Boeing. Sabés las historias que tiene Almonacid! una vez tuvo una emergencia y tuvo que aterrizar en el medio del campo, sabes lo que es bajar semejante avión en el campo! Cuando la gente bajó no lo podía creer!, era un campo arado y nadie se había dado cuenta por la suavidad del aterrizaje!”.

“En Carhué hay mucho viento así que eso es toda una escuela porque hay que tenerlo al avión! sabes cómo se mueve! Si los portones del hangar del aeroclub golpeaban con el viento no nos dejaban a salir a volar! y nosotros los trabábamos para que no hicieran ruido” -recuerda y se ríe Jorge Fioramonti-.

“Me recibí de piloto en Carhué, a las 6 horas de instrucción ya pude volar solo. En aquellos años volé el Piper PA11, el Cesna 172 y el 182 que también era avión ambulancia” recuerda Fioramonti-.

“Si fuese por mí andaría siempre en el aire! Me encanta! Hace mucho que no vuelo pero igual me gusta ir de paquete (que lo lleven). Acá en el aeropuerto de Lobos lo sponsoreaba a Ricardo Santía así que muchas veces volaba con él. ¿Qué se siente volar? Arriba te parece que sos Dios! -responde Jorge Fioramonti-, ves todo pequeño y decís: ¿qué están haciendo allá abajo?”.

Facundo Basso es otro roqueperense que anda por el aire. Emigró siendo un adolescente a Madariaga. Y estudió piloto de avión en Mar del Plata desde los 18 años. “Sabes como la luchó!” me cuenta su tio José Luis Basso. “Se iba a Chascomús para acumular horas de vuelo los fines de semana y volaba el avión para que saltaran los paracaidistas”. Hoy Facundo surca el país pilotando un avión turbo hélice que presta el servicio de ambulancia.


Facundo Basso y su compañero de vuelo. A la derecha junto al turbohélice Fairchild Metroliner 3


“Descubrí desde chico esta pasión y hoy hermosa profesión! - Nos cuenta Facundo Basso por su Facebook, después de aterrizae el turbohélice en La Rioja-. Empecé el curso en la ciudad de Mar del Plata en el año 2007, en un Piper PA-11. Cuando lo finalicé necesitaba sumar horas de vuelo que me llevaron a la actividad de paracaidismo en la ciudad de Chascomús, ahí volé tres años un Cessna 185 (en este avión realicé toda mi carrera). Y actualmente me encuentro volando para una empresa de evacuaciones sanitarias, ejecutivos y de carga, las aeronaves que la empresa cuentan son Jet LEAR JET 25 y turbohélice Fairchild Metroliner 3. Actualmente sigo juntando experiencia y mi idea –cuenta Facundo- es pronto llegar a trabajar en una línea aérea como Aerolíneas Argentinas o en la primera que se presenta la oportunidad”.

Facundo nos comparte distintas fotos con los aviones  y sus compañeros de vuelo, aqui les mostramos un par y les restantes los invitamos a verlas en la edicion web.

En paratrike vuelan los hermanos Maximiliano y Sebastián Pescie ya hace un año y Alejandro Eloy Furiasse desde hace unos meses. El paratrike es un modelo particular dentro de la familia de los paramotores, que en lugar de hacer los despegues a las corridas utiliza una estructura liviana con tres ruedas.

El paratrike comienza a elevarse cuando alcanza los 37 kilómetros de velocidad, y una vez en el cielo puede trepar hasta 67 kilómetros por hora. EL vuelo, muy suave, se realiza gracias a un parapente de 14 metros de longitud y una hélice impulsada con un motor de 52 HP.

 

Final del vuelo

Volvemos imaginariamente a bordo del piper de Roque Pérez. Sobrevolamos el Salado, giramos y vemos la cúpula de la iglesia. Techos de chapa, patios, calle de pavimento y enseguida el verde campo. La imagen de nuestro pueblo sigue en la retina de los aviadores.

“Es muy destacable -dice Jorge Pescie- que una sociedad dueña de un avión haya durado 40 años y siempre sus socios se llevaron muy bien y nunca hubo un problema”.

El avión se vendió en marzo del año 2013, estuvo 40 años en Roque Pérez y qué casualidad! volvió a Mar del Plata porque coincidió que los nuevos propietarios son de la ciudad balnearia.

“Gracias al avión – dice Jorge Cravero- yo me hice amigo de todos ellos, hemos tenido una amistad de 40 años!” Todos asienten, se ríen satisfechos y chocan las copas, algunos con bebida cola y otros con vino tinto. Sobrios pero emborrachados de recuerdos y de viento.

Y cómo terminaron aquellos vuelos? Ahora lo sabremos: “Ma sí!” dice Jorge Pescie, aunque tiembla, mueve la palanca, carretea y despega como un pájaro…

Ya bajan, ya tocan el césped… y “Cuidado el alambre!”, grita Alberto Missel y Antonio levanta otra vez la trompa del PA11 y saltan el alambrado, como una gacela en cámara lenta…

Adalberto sigue copiando las curvas del Salado, no le enseñaron que en velocidad un avión también puede entrar en pérdida, y juega en el límite, las alas como un barrilete casi perpendicular, cerca de ser espada que se clava! Pero ondea y vuela…

Pedro Simonetti pilotea rasante, Alberto “Missel”  saluda con un grito a su madre que mira desde el rancho y le tira una piedrita envuelta con su carta que cae en la huerta, “mi mejor viaje, era mi cumpleaños y yo estaba triste porque no podía ir a verla y Pedro me llevó en el avión, es una imagen imborrable” dice Alberto…

Edgardo Sagastizábal siente la falla, le da motor, pero el motor se ahoga, el motor se planta! El y Demarco oyen el silencio, y planean, hasta hundirse en el maizal, a favor del surco, sin incidencias, los hombres enteros y la hélice sana!

“Qué lindo avión para dar una vuelta! Le había dicho el papá de Carlitos Demarco, recuerda Edgardo Sagastizabal-. “Pero no tengo mucho combustible -le dijo Edgardo- Una vuelta cortita entonces -insitió Demarco-. “Dimos unas vueltas y se nos terminó el combustible –cuenta Edgardo-. Nos caímos en un maizal! Jaja! Pero pude bajar a favor de los surcos y no nos hicimos nada!”

Suben y bajan los aviones. Siguen volando las ilusiones. Llegan los pilotos, los pasajeros y las cartas. Los viajeros, los aventureros… Aquí en nuestros pagos voló 40 años un PA11, el LVNHF, una sociedad de amigos, algo intrépidos, pero muy razonables, los pies en la tierra, la vista al horizonte, las alas en el aire!

 

Aeroplano Voisin, en 1910 realizó el primer vuelo controlado en la Argentina.

El 6 de febrero de 1910, Henry Bregi realizó el primer vuelo a motor oficialmente controlado de Sudamérica, en el Hipódromo de Longchamps, partido de Almirante Brown. a bordo del Voisin con motor Gnome de 50 hp. Recorrió 6 Km, alcanzando una altura de 60 metros a una velocidad de 40 Km. por hora, con una duración de casi 9 minutos. El vuelo fue controlado oficialmente por una Comisión Oficial del Aero Club, integrada por entre otros por Jorge Newbery y un público que superaba las 3000 personas. El aviador francés fue llevado en andas por lograr que una máquina más pesada que el aire pudiera volar.

El 23 de marzo de 1910, se inaugura el primer aeródromo argentino en Villa Lugano.

Las actividades aerocomerciales se inician en 1919 con la empresa fundada por S.H. Kingsley y vuelos que unían Buenos Aires con otras ciudades de la Argentina y con Montevideo en el Uruguay en un avión De Havilland.

Dialogamos con el Director de Deportes Prof. Fernando Forastieri sobre las actividades que promueve el municipio.

La presencia es mayor de la gestión municipal de deportes desde hace unos años, ustedes promueven, organizan y apoyan muchas actividades...

“Si, yo en realidad comencé a trabajar en el Municipio –explica el actual Director de Deportes Prof. Fernando Forastieri- cuando esta área era una Coordinación de deportes, era el año 2004, durante la primera gestión de Graciana Uruslepo. Yo por entonces daba clases en escuelas rurales y hacíamos actividades en las plazas. Pero no era tan amplia y diversificada la actividad como lo es hoy. Los juegos bonaerenses hicieron que se originaran las direcciones de deportes donde no las había y hacerlas crecer por la cantidad de trabajo que exigía. El área de deportes ganó autonomía, mejoró su presupuesto y su peso en el municipio y así, todo lo que se puede hacer y se hace. Yo destaco  que siempre le buscamos la vuelta para promover y desarrollar todos los deportes que hoy en día hay en Roque Pérez. Incluidos los que se practican en los clubes y nosotros tratamos siempre de apoyar”.

¿Qué ha sido lo destacado de 2016?

“Nosotros quedamos siempre muy conformes con las actividades de verano. La gente participa mucho por ejemplo en las clases de natación para adultos, clases de aqua gym, el torneo de súper cuatro de básquet que en 2016 hicimos la 4ta edición. Son equipos formados por un menor de 16 y un mayor de 33 años y los 3 jugadores restantes sin requisito de edad. También recibimos a las escuelas de verano de la zona y se hace un torneo de natación muy lindo donde llegamos a juntar más de 300 chicos de Roque Pérez y la zona.

Otra actividad muy linda es el festejo del día de la mujer, hay muestras de la escuela de patin y se hace una roleada por la ciudad y actividades en la plaza como exhibiciones de Kick Boxing, zumba, latino, árabe, etc. Y eso sirve para difundir los deportes, no tenemos algunos deportes a nuestro cargo pero podemos generar el ámbito para que se den a conocer y colaborar y apoyarlos.

También organizamos torneos de pesca, básquet callejero, de beech voley, carreras de rural bike, las caminatas contra el cáncer infantil, que es una actividad muy emocionante que te moviliza mucho y sirve para apoyar a los papás, a los chicos y creamos conciencia sobre estas enfermedades.

¿Qué es “El desafío”?

“Es una campaña a nivel mundial de concientización de la importancia de abandonar el sedentarismo –explica Fernando-. Cada municipio organiza diferentes actividades deportivas, recreativas, la consigna es para la rutina y hacer al menos 15 minutos de actividad física. Aunque sea ir a trabajar caminando. La participación lograda se registra y se compite contra ciudades similares en otros países. Este año perdimos contra una ciudad brasileña, en años anteriores ganamos contra otras ciudades de Latinoamérica. En realidad se gana siempre porque generamos que la gente haga actividad física y se genere conciencia sobre su importancia para la salud. Qué es en realidad el motivo por el cual yo estudie Educación Física y es mi objetivo. Que la gente haga deportes y mejore su salud personal. Quiero contagiar eso.

¿Y en lo personal? Predicas con el ejemplo?

“Yo corro todo el año y nado en verano. Trato de correr 30 km en la semana saliendo 3 o 4 veces por semana. Y la natación es lo que más me gusta, si puede participo en competencias en aguas abiertas. Participé en competencia de 8 km en el rio Salado en Gral. Belgrano, tres veces competí en el cruce a la laguna de Chascomús, también en la laguna de Monte. Me gusta mucho, si la organización familiar lo permite, trato de hacerlo. Y desde chico juego al futbol, al paddle, a la pelota, hemos jugado a todo. Pero lo que más me gusta es natación. Es lo que más me pone la cabeza en blanco! Hice el cruce del arroyo Yaguaron en San Nicolás. Esa es una carrera muy linda, porque se larga desde un embalse y está lleno de gente en cada orilla, entonces se disfruta mucho.

¿Cuáles son las competencias más importantes?

“La participación en las Olimpiadas de la cuenca del Salado donde intervienen 18 municipios. Tratamos de estar en la mayor cantidad de disciplinas. Este año anduvimos muy bien, se obtuvieron varias medallas y estamos muy agradecidos con todos los deportistas que participaron. Se movilizaron cerca de 180 deportistas locales y es un buena oportunidad para trabajar”.

“Y los Torneos Bonaerenses son muy importante y nos ocupan mucho tiempo y dificultad porque para llegar a las finales en Mar del Plata nosotros nos eliminamos contra la región 24 (Olavarria, Azul, Bolívar y Tapalqué), así que es muy difícil la competencia. Igual este año pudimos alcanzar las finales con 25 deportistas! Y en todas las instancias del torneo participaron 80 adultos mayores en varias disciplinas significan como 450 inscripciones. Juveniles solo en futbol hubo 20 equipos. Debemos andar en mil inscripciones en las categorías juveniles. Nosotros le damos mucha importancia a la etapa local y el programa funciona muy bien y Los pibes participan muchísimo. Este año va a haber modificaciones que van a volver más dinámico los torneos y se va a informatizar la inscripción”.

“Hoy la Dirección de Deportes y Recreación (es Dirección desde 2011) cuenta con 11 personas. He sido testigo del crecimiento del área –cuenta Fernando Forastieri, es mucho trabajo, pero no se deja de disfrutar!”